sábado, 1 de diciembre de 2012

Vacío de nada

Sordo, sórdido, aturdido, súbito, intempestivo.
Anacrónico, amnésico, predecible,
Anómalo constante pero inconstantemente caótico.
No certero, convicto por la convicción de ver el camino hacia la nada;
con la convicción convicta que no ve nada.
Nada aprisionada, esperanzada, rezagada en la respuesta,
Vacuidad llena, vacía de abundancia.
Parlanchín silencioso con tímido ruido.
Ahogado en el no hablar: lengua, idioma, habla, lenguaje.
Gramática, morfología y taxonomía que hablo.
Hablar lengua, lingüística, una regla que dicta cuándo besar,
cuándo soñar y reciclar caricias.
Fonema; eco; ruido.
Concepto, amor, enamoramiento.
Dulzura, lejanía, asolamiento

viernes, 22 de octubre de 2010

El problema de la tabula rasa

Cuando John Locke le dijo a la filosofía que el hombre venía con una tabula rasa (sin nada escrito – tablilla sin ninguna inscripción), negando de esta forma las ideas innatas, abrió dos vías para que la epistemología fuese entendida a partir de una divergencia existencial que nos remontaba a comprendernos ontológicamente; esto fue así porque su afirmación nos determinaba a ser totalmente libres de nuestras construcciones.
     Por otro lado, el existencialismo de Sartre señala que el hombre está condenado a ser libre, nada de lo que el individuo haga está afuera de su libertad y responsabilidad, y en tal sentido, comprendiendo de modo similar el pensamiento de Locke, nos encontramos delimitados por algo que puede acabar o afirmar nuestro modo de pensar: la deconstrucción de esencias.
     La deconstrucción de esencias debe entenderse como la posibilidad de redirigir la constitución de lo que somos al grado de que en la existencia construyamos nuestra identidad. Por esto, el venir “en blanco” permite una ventaja y una desventaja: la oportunidad de ser lo que queramos y decidir quiénes seremos, y la imposibilidad de saber qué somos y por qué existimos.
     Gran parte de la historia de la filosofía y las religiones se ha reducido a estas dos cuestiones. Por un lado, Platón consideraba un alma aprisionada por el cuerpo que, sin embargo, podía recordar las ideas que antes había contemplado en el topos uranos; Aristóteles veía al hombre como animal racional; Orígenes pensaba al hombre como el “ser que cree”; el cristianismo lo concibe como la creación hecha a imagen y semejanza de Dios; Foucault no sólo esgrime algo radical, sino que declara la muerte del hombre; Freud comprendía que el “yo” era producto de una fragmentación del niño al concebir al seno de la madre ajeno así mismo; y en fin, la lista sigue… La respuesta de la tabula rasa nos responsabiliza, pues“no venimos con ninguna idea prefijada”. Nosotros somos los únicos capaces de erigir un castillo conceptual e ideas acerca de la vida, de la muerte, del amor, de los valores, de la moral, de la sociedad, de la filosofía. Sin embargo, aún queda la duda, ¿qué (o quiénes) somos que necesitamos tantas conceptualizaciones lingüísticas? ¿No será que toda delimitación lingüística es el encubrimiento de lo real? ¿Sería posible que la aceptación de mi propia responsabilidad como constructor de mi esencia me aleje de ésta misma? O mejor dicho ¿Es probable que la fijación en una esencia me aleje de mi oportunidad de darme en la existencia como algo que tiene múltiples potencias? Cualquiera que sea la respuesta hay que tomar en cuenta lo que entre líneas recalqué anteriormente: con tabula rasa o sin ésta estamos determinados, en tal sentido, somos libres a partir de nuestra delimitación. Además, siendo más estrictos, tenemos un campo amplio de pensamiento al comprender que en nosotros está la posibilidad de interactuar con conceptos, y esto, no parece accidental, sino necesario.

lunes, 13 de septiembre de 2010

El "Robaperas" de San Agustín

Escrito en la clase de Filosofía Medieval


En el capítulo IV del libro segundo de Confesiones, Agustín nos relata que cuando andaba de pandillero hurtó frutos de un peral. Él y sus amigos se deleitaron en hacerlo. Imagínense, un grupo de adolescentes cargados de adrenalina por robar peras, pero no excitados por el hecho de comérselas, sino por la acción misma de transgredir lo prohibido.
            Nos cuenta el filósofo que cuando tenían los frutos se los tiraron a los puercos, es decir, su rollo era andar de malilla y disfrutar de la anarquía. Sin embargo, eso no es lo sorprendente, lo admirable es concebir al joven contento por tirarles kilos y kilos de frescas peras a los cochis. Entonces, en estas consideraciones surgen tres preguntas: ¿Quiénes fueron los más perjudicados? ¿El santo Agustín, el dueño del peral… o los cerditos?
 

lunes, 23 de agosto de 2010

Aforismos- Acerca de la manada


I
La manada duerme, necesita un abejorro que le provoque brotes de roña para que despierte de sus llagas, de sus fétidos olores.
     ¿Quién será ese sutil zancudo? Una avispa nihilista ante la belleza que los lobos inculcan a sus crías de zorras: costumbres estéticas sazonadas con carne podrida que llenan las barrigas de las hienas y les hace carcajearse por comer carroña. ¿Y quiénes son las zorras? Los bípedos maquillados con ilusiones fantásticas falaces.
      Tales animalitos no están desprotegidos, no habitan a la intemperie, los pastores del rebaño han hecho un buen trabajo. ¿Por qué criticar, oh viejo hombre, a los veladores y atalayas del pueblo si le han dado a cada borreguillo la comida predilecta de sus vísceras? No os preocupéis cuidadores, la fatalidad lo demanda. El hombre lo es no por su razón sino por el anhelo entrañable que demanda en estos tiempos: ¡mirad la ternura  con que las serpientes amamantan a los perrillos, qué delicadeza! ¡Observad a las comadrejas alabando la fragancia pomposa del zorrillo, qué alegría!
II
Se asoma la decrepitud al espejo, éste último junto con sus compañeras le han hecho maravillas al rostro decadente, por lo que ahora se encuentra feliz, aglutinando un éxtasis tan plácido que ha embelesado constantemente las fisuras eternas de su cara. Pero da lo mismo, nos hemos vuelto carentes de reinvención, y así, los pasos se desvanecen a la orilla del salado mar, la desesperanza hunde su grito en un colorido bosque de superficie solaz en cuyo hábitat se engendran frondosas vegetaciones de veneno y espinos.
III
La manada ha sido anestesiada con injurias y con cloro de las cloacas, ¿alguien osa interrumpir su hibernación y revivir lo que era? Somnolientos sus pasos se fatigan y se rinden al instinto, ¿es que ya no queda nada de ella?
     Los corderos han ido degradándose, contentos cantando y tomados de las manos se dirigen a un holocausto metamórfico; engalanados y con enormes bríos se apresuran a la  fiesta en donde esperan ser los anfitriones; confetis de frivolidades, serpentinas tecnológicas, alimentos virtuales han de transformarlo. ¿En dónde se quedó el paupérrimo hombrecillo, ése que no soportaba los vituperios de lo desconocido, de la ignorancia, de lo inaudito? ¿Está ahí, allá, acá, aquí… se perdió, dejó de buscarse, se fue… es que hizo a un lado el arte que discurría entre los vértices de lo bello, bueno y verdadero?
IV
Ejércitos de hormigas esclavas hoy añoran lo sintético, y así, yacen exhaustas de reunir las cosechas provenientes de las siembras primigenias ya que ahora se esfuerzan en alcanzar el pabellón de las migajas transgénicas; riñen, contienden consigo mismas por la melancolía de su flacidez mórfica y su tórax rollizo. ¿Notáis la injuria? ¿Descubrís la mofa?
     La manada, somnolienta cae en los disturbios. ¿Podrán despertarla de su sueño; avivarla ante las sombras de las nubes ácidas?